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La vida de Antonietta Meo |
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Los Sacramentos
"Antonietta de Jesús": el diálogo místico de Nennolina:
«Querido Jesús, mañana cuando estarás en mi corazón, ház como si mi alma fuera una manzana. Y como dentro de la manzana están las semillas, dentro de mi alma ház que haya un armario. Y como dentro de la cáscara negra de las semillas, está la semilla blanca, así ház que dentro del armario esté tu Gracia, que sería como la semilla blanca». Así le dicta a su mamá el día antes de recibir la Primera Comunión.
La mamá la interrumpe: «Pero Antonietta qué dices! Qué significa dentro, qué es lo que está dentro? Qué quieres decir?». Trató en vano de disuaderla. Al final Antonietta explicó: « Escucha mamá: imagínate que mi alma sea una manzana. Dentro de la manzana están esas cositas negras que son las semillas. Luego, dentro de la cáscara de las semillas está esa cosa blanca? Bien, ház de cuenta que ésa sea la Gracia»
« Encontré - cuenta la madre - que la comparación, que yo no conocía, era profunda, pero no quize darme por vencida y por eso insistí: "Pero estas cosas quién te las dijo? La maestra en la escuela tomó una manzana para hacerles comprender...". "No mamá, no me lo dijo la maestra, lo pensé yo". Luego completó su pensamiento: "Jesús ház que esta gracia se quede siempre conmigo"».
Nennolina recibe la Primera Comunión en la Noche Buena de 1936.
Esa noche, a pesar de que el aparato ortopédico le causaba dolor, los presentes la vieron al final de la misa, quedarse arrodillada por más de una hora, quieta, con las manitas juntas
La firma en sus cartas a veces cambia en "Antonietta de Jesús", otras veces "Antonietta Jesús". La forma es repetitiva y los pensamientos proceden destacados, como sucede en la manera de expresarse propia de los niños, pero bajo la forma infantil el pensamiento no es banal, nunca pueril.
Lo que todavía hoy desconcierta psicólogos y teólogos es que Dios enriquezca de gracias especiales una Nennolina y que, sin forzar su naturaleza sino perfeccionándola con una aceleración de la Gracia, realice en ella tanto una delicada fineza en las cosas del Espíritu como una heroicidad en la condición de sufrir-ofrecer que difícilmente se encuentra en personas de edad madura y después de un largo camino de Fe.
La unión místico-espiritual alcanza una profundidad insondable, cuando la vida de la pequeña es transformada en la relación de amor con su dulce amigo del alma, Jesús y con su madre La Virgen María.
El 16 de octubre de 1936 Antonietta afirma: «Veo la Virgen no el cuadro»; y en enero de 1937: «Yo a veces veo a Jesús»; cuando la mamá le pregunta: «Y cómo lo ves?» Antonietta responde: «En la cruz». En marzo otra visión: «Ayer ví a Jesús resucitado». Después Jesús no se hace ver más y Antonietta en abril escribe: «Querido Jesús, yo deseo tanto verte y quisiera que todos pudieran verte, entonces sì que todos te querrían más». En mayo, mientras le dicta una de sus cartas, se detiene como por encanto; la mamá la sacude y cuando la pequeña vuelve en sí dice: «Sabes que he visto a Jesús en la esquina del cuarto».
El 2 de julio, después de la última Comunión, confía a la mamá: «Lo he visto ésta mañana cuando hize la Comunión».
A Jesús Antonietta le escribirá 105 cartas, otras se las hará a la Virgen, a Dios Padre, al Espíritu Santo, una a Santa Agnese y una a Santa Teresa del Niño Jesús. A Jesús le pedirá siempre la ayuda de su gracia:«Hoy he hecho un poco de caprichos, pero tú Jesús bueno, toma en brazos a tu niña...»;«pero tú ayúdame que sin tu ayuda no puedo hacer nada»;«tú ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin tu gracia nada puedo hacer»; «te lo pido, Jesús bueno, cons?rvame siempre la gracia del alma». A ?l y a Su mamá no cesarà de pedir gracias, para aquellos que le están cerca, para los que se encomiendan a sus rezos y para los pecadores: «Te pido por aquél hombre que ha hecho tanto mal»; «te pido por aquél pecador que tú sabes, que es tan viejo y que está en el Hospital de San Giovanni».
En mayo Antonietta recibe la confirmación. Son ya los últimos días de su vida. Así cuenta su mamá: «Después de la confirmación Antonietta comenzó progresivamente a empeorar. La fatiga y la tos no le daban tregua. Ya no lograba ni siquiera quedarse sentada y fue obligada a estar en cama. Se veía que sufría, pero a todos, incluso a mí, decía siempre: "Estoy bien!". Tal vez con dificultad, pero quizo siempre recitar sus oraciones de la mañana y de la noche.. Pedí luego que el sacerdote le trajera la Comunión todos los días, y las horas que seguían a la comunión eran siempre más tranquilas. [...] A penas podía me pedía también de escribir sus cartas».
La última tiene fecha del 2 de junio. Y esta será la carta que llegará a las manos de Pio XI. Así recuerda la madre: «Me senté al lado de su cama y escribí lo que Antonietta con dificultad me dictaba: "Querido Jesús crucificado, yo te quiero tanto, y te amo tanto! Yo quiero estar contigo en el Calvario. Querido Jesús, dile a Dios Padre que lo amo tanto a Él también. Querido Jesús dame tú la fuerza necesaria para soportar estos dolores que te ofrezco para los pecadores". En ese momento Antonietta tuvo un violento ataque de tos y de vómito, pero apenas le pasó quizo igualmente continuar a dictarme: "Querido Jesús díle al Espíritu Santo que me ilumine de amor y me llene con sus siete dones. Querido Jesús dile a la Virgensita que la amo tanto y que quiero estar cerca de ella. Querido Jesús te quiero repetir que te amo tanto tanto. Mi buen Jesús te encomiendo a mi padre espiritual y házle las gracias necesarias. Querido Jesús te encomiendo a mis padres y a Margherita. Tu niña te manda muchos besos..."
Sentí repentinamente, viendo cuánto sufría, un ataque de rebelión dentro y en un arrebato de cólera arrugué aquella hoja de papel y la tiré dentro de una gaveta.
Unos días después vino a visitar a Antonietta el Profesor Milani, Protomédico Pontificio, llamado por el Doctor Vecchi para pedir una consultación. Dijo que la niña estaba muy grave y que tenía que ser llevada a la clínica para ser operada de nuevo. El profesor se quedó conversando con la niña y se sorprendió por los dolores que Antonietta soportaba sin lamentarse. Mi marido le habló de las cartas que escribía. Pidió que le mostrara la última y yo no tuve el valor de rehusar. Tomé la carta de la gaveta y se la mostré. Después de haberla leído dijo que quería hablarle al Santo Padre de Antonietta y pidió el permiso de llevar consigo la carta. Le respondí titubeante: "Pero... no sé...si...". "Pero señora - dijo- se trata del Papa!".
Al dìa siguiente un automóvil del Vaticano se detuvo frente a nuestra habitación. Un delegado enviado personalmente por el Santo Padre Pìo XI, vino para dar la bendición apostólica a la niña. Nos dijo que Su Santidad se había quedado muy conmovido leyendo la carta. Nos dejó también una carta del Prof. Milani en la que le pedía a Antonietta de recordarlo al Señor y de implorar por el aquellos dones que ella había pedido para sí misma».
El 12 de junio Antonietta se agrava. Respira afanadamente. Le extraen el líquido de los pulmones. El 23 le resecan tres costillas con anestesia local, dada su condición general tan precaria. Cuenta su mamá: « No puedo ni contar la aflicción de aquél cuerpecito martirizado. Ese día reteniendo las lágrimas le dije: "Verás pequeñita mía... a penas te habrás recuperado nos iremos de vacaciones, iremos al mar... te gusta tanto el mar, podrás bañarte, sabes?..." Me miró...con ternura me dijo: "Mamá alégrate, siéntete contenta... Yo saldré de aquí en diez días menos un poco"». La mamá no podía saber que en ese momento Antonietta le había dicho exactamente el día y la hora en que habría muerto.
En los días que siguieron, con fortaleza desarmante continúa sonriendo también a las enfermeras que vienen a curarle la herida, a pesar de que las metástasis hubiésen ya invadido y devastado su pequeño cuerpo y a pesar de que la masa tumoral le comprimise el pecho al punto de provocarle el desplazamiento del corazón. Todos en el proceso testimoniarán el desconcierto de frente a su extraordinaria serenidad. La mamá llegarà hasta a dudar que la niña sufriese: «Fui donde el doctor, le dije: "Doctor, yo no creo... dígame la verdad, dígame realmente...Antonietta sufre mucho?". "Pero señora, qué me pregunta! Que está diciendo! No diga eso! Los dolores son atroces". Regresé a su cama... la voz no me salía, por la primera vez le dije: "Antonietta bendice a tu mamá... Antonietta, bendice a mamá". Haciendo un esfuerzo, con su manita, me hizo en la frente el signo de la cruz"».
El padre testimonia en el proceso así: «Un día, agravadas las condiciones, decidí que a mi pequeñita le dieran la extremaunción. Le pregunté a Antonietta: "Sabes qué son los santos oléos?. "El sacramento que se le dá a los moribundos" respondió. No quería turbarla, por eso repliqué: "A veces aporta también la salud del cuerpo...". Antonietta se rehusó. "Es demasiado pronto" dijo, y yo no insistí. Pero cuando más tarde el sacerdote le dijo que el oléo santo aumenta la gracia, Antonietta que escuchaba atentamente respondió: "Sí, lo quiero". Respondió con tranquilidad a todas las oraciones, rezó el acto de dolor, luego abrió sus manitas para que el sacerdote las ungiera... Bezó con ternura el crucifijo de su primera comunión. Todo se desenvolvió en paz y simplicidad"».
La mamá recuerda que vió en sueños a Antonietta, la noche antes de su muerte. Estaba de pié y con un vestido blanco largo: «A mi sorpresa de verla curada, respondía: "no mamá, no me he curado, estoy muerta; pero dentro de unas horas moriré de nuevo, pero no sufriré más, y tú no llores. Debería de haber vivido todavía unos días, pero S. Teresita del Niño Jesús dijo: basta".
En la mañana del 3 de julio de 1937 al alba, cuando el papá se le acercó para acomodarle una vez más la almohada y apoyándole los labios para darle un beso, Antonietta susurró: Jesús, María...mamá, papá...". Fijó la mirada enfrente suyo -recuerda la mamá- sonrió, y luego el último largo respiro». El día 5 de julio el pequeño ataúd fue transportado, entre la multitud conmovida, a su Parroquia, la Basílica de la Santa Cruz en Jersusalén.
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